El Estado como actor económico




En condiciones ideales, se supone que la conjugación de las leyes de la oferta y la demanda y la libre participación del conjunto de consumidores y productores de bienes y servicios en el mercado, permiten identificar un punto de equilibrio que igualará la oferta y la demanda agregadas de una economía, a un precio determinado.

Los fallos del Mercado y la Intervención del Estado.
En la vida real los mercados no suelen autorregularse y de manera periódica tienden a presentar desequilibrios o fallos que impiden que su desempeño sea el óptimo. Esto provoca el surgimiento de condiciones de sobreproducción, escasez o crisis, que afectan a productores y consumidores, reducen el ritmo de crecimiento de una economía, provocan caídas en los niveles de producción y empleo, afectan la estabilidad generalizada de precios, el equilibrio entre las exportaciones y las importaciones, así como la equidad en la generación y distribución de la riqueza producida, lo cual repercute en las condiciones y calidad de vida de la sociedad. Los principales fallos del mercado, por los cuales resulta imprescindible que el Estado participe en toda economía, son:
·         Ciclos económicos.
·         Bienes Públicos.
·         Externalidades.
·         Competencia Imperfecta.

Ciclos Económicos.
El crecimiento económico registra contracciones periódicas que provocan el deterioro en los niveles de utilidad de los productores y en la renta de los consumidores. Dichas circunstancias se traducen en el surgimiento de recesiones y crisis periódicas que afectan la estabilidad general de la economía y deterioran las expectativas futuras de los agentes económicos.

El Estado debe participar en la economía para prevenir la incidencia de factores que puedan producir desequilibrios y posibles crisis. En el caso de que éstas se presenten y la economía de un país enfrente una situación de contracción productiva o recesión, debe establecer medidas para reducir sus impactos negativos, por medio de la inversión pública y el establecimiento de programas que alienten la generación de fuentes de trabajo, por mencionar algunos ejemplos.

Bienes Públicos.
El mercado resulta ineficiente para cubrir la demanda de bienes públicos que toda sociedad necesita. Existe un conjunto de bienes destinados al bienestar o satisfacción de necesidades colectivas, no individuales. En el caso de dichos bienes, a diferencias de los privados, al no existir un incentivo de ganancia, es el Estado el que debe intervenir para garantizar su cobertura.

Asimismo, no todos los bienes públicos son provistos por el Estado. Sin embargo, en muchas ocasiones, cuando el sector privado provee este tipo de bienes, precisamente por guiarse por una lógica de maximización de las ganancias, suele provocar distorsiones en el mercado que requieren de la intervención del sector público para su corrección.

Externalidades.
De igual manera, muchas de las actividades económicas generan una serie de efectos secundarios, conocidos como externalidades, que deben ser reguladas y, sin embargo, el mercado no atiende, pues se guía por la lógica de la utilidad y el precio. Dichos efectos secundarios se traducen en prejuicios o costos sociales que deben ser corregidos por el Estado.

En tal sentido, se puede considerar que el elemento distintivo de las externalidades es que constituyen fallos o rigideces del mercado cuyos beneficios se canalizan a unos cuantos mientras que sus impactos negativos afectan a segmentos amplios de la población. En estos casos, el Estado debe intervenir y, por ende, corregir dichos fallos, mediante la aplicación de impuestos o a la prohibición o control de actividades que pueden poner en riesgo la salud o la ecología de una región.

Competencia Imperfecta.
En muchos casos las condiciones de competencia en los mercados suelen ser imperfectas o incluso inexistentes. En múltiples actividades económicas, tanto la producción de bienes y la prestación de servicios, esta producción está controlada de manera oligopólica e incluso monopólica. La lógica que el mercado impone, que busca el mayor beneficio posible, si bien en condiciones ideales podría permitir el aprovechamiento óptimo de los factores productivos, en la realidad con mucha frecuencia orienta o incentiva a los productores o prestadores de servicios a eliminar o limitar a sus competidores con la finalidad de controlarlos.

La existencia de este tipo de competencia imperfecta implica que la fijación de precios en dichos mercados no se establece por la libre concurrencia de productores y consumidores, es decir, de oferentes y demandantes de bienes y servicios, sino que es fijado de manera unilateral por aquellos productores que controlan cada mercado.

El impacto de la existencia de competencia imperfecta, por medio de mercados de corte oligopólico o monopólico, se refleja en la existencia de precios superiores para quienes consumen los bienes y servicios producidos. Al mismo tiempo, el control de los mismos por parte de un número limitado de productores, impide que otros potenciales competidores inviertan recursos que permitieran modernizar dichas actividades económicas, generar nuevas fuentes de trabajo, producir mayor cantidad de bienes y servicios, abatir costos y precios, y con ello elevar el bienestar de la población. En estos casos, el Estado puede corregir la imperfección de los mercados formulando leyes que propicien la libre competencia, así como prohibiendo todas aquellas prácticas y privilegios que permiten que unos cuantos productores o prestadores de servicios terminen controlándolas.


Fuente: Vive la Economía 2 (Progreso Editorial).

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