Escuela Keynesiana: Fundamentos y Modelo Económico




Fundamentos Básicos.
Muchos de sus fundamentos se basan en la experiencia de la crisis financiera mundial de 1919, la cual demostró que las consideraciones neoclásicas sobre el pleno empleo, la competencia perfecta y el equilibrio entre la oferta y demanda no aplicaban de manera general y permanente.

John Maynard Keynes formuló condiciones más realistas y apegadas a las circunstancias que la economía mundial experimentaba, y basó su modelo económico en las siguientes consideraciones básicas:

·         La competencia perfecta es una condición que no se presenta de manera generalizada (pues muchas mercados son controlados a través del monopolio y del oligopolio).

·         La capacidad productiva no está plenamente ocupada, por lo cual los niveles de producción no siempre son los óptimos.

·         Si el nivel de producción se reduce, pues se pierden fuentes de empleo, ante la imposibilidad de reducir salarios. Esto conduce al desempleo (de acuerdo con los neoclásicos). Por tal circunstancia, el mercado de trabajo no se encuentra en equilibrio ni existen condiciones de pleno empleo.

·         El nivel de producción no está determinado por la capacidad instalada, sino por la cantidad de bienes y servicios demandados en la Economía, es decir, la demanda agregada. En tal sentido, a diferencia de los neoclásicos, el modelo keynesiano considera que la demanda determina la oferta, así como al nivel de producción, que a su vez determina el crecimiento económico y el nivel de empleo.

·         Debido a que la economía no se encuentra en situación de pleno empleo, y puede caer en recesión ante caídas de la demanda agregada, un recurso para incrementar ésta es el Gasto Público.

Modelo Económico. Integración e Impacto de las Políticas Económicas.
Keynes argumentaba que la intervención del Estado resulta fundamental para corregir los fallos de mercado y los desequilibrios que se provocan sobre la actividad económica, el crecimiento, la generación de empleo y el bienestar de la sociedad, por medio de una distribución más equitativa de la riqueza. Por ello, el modelo keynesiano presta particular atención a los instrumentos de política económica, como elementos centrales para cumplir con los objetivos macroeconómicos, en especial a aquellos concretables en el largo plazo, como la generación de empleo, la estabilidad en los niveles de producción y las fluctuaciones económicas.

La desaceleración de la actividad económica y el desempleo se originaban por la inexistencia de un sector público que canalizara suficiente gasto público e impulsara la oferta monetaria para elevar la demanda agregada de la economía y la generación de fuentes de trabajo. Asimismo, consideraba que la reducción de la tasa de interés y el aumento del circulante impulsaban la inversión y el consumo, los cuales propiciaban un efecto multiplicador sobre la producción, el crecimiento económico y el ingreso disponible de familias y empresas. Así, cada unidad monetaria que un gobierno destina (por medio del gasto público a la oferta monetaria) a la inversión, genera un aumento más que proporcional en la riqueza de un país, es decir, la multiplica.

De acuerdo con estos planteamientos, la aplicación de políticas fiscales y monetarias expansivas, lejos de provocar un aumento de precios, elevan la demanda agregada. Esto provocaría el aumento del nivel de producción de una economía, mayor aprovechamiento de la capacidad productiva, generación de nuevas fuentes de empleo y un nuevo impulso a la demanda agregada (debido a que el mayor ingreso disponible de las familias y empresas se traduciría en un mayor consumo). Se generaría entonces una espiral virtuosa en la que este nuevo aumento de la demanda propiciaría una elevación aún mayor de los niveles de producción, y más fuentes de trabajo.

El modelo keynesiano consideraba al Estado como el generador de bienestar.

En el planteamiento keynesiano la inflación es el costo de la expansión de la actividad productiva y la generación de empleo. Los gobiernos pueden elegir entre estabilidad en los precios con significativos niveles de desempleo o bajo desempleo con inflación. Keynes consideraba que las políticas fiscal y monetaria podrían incidir en el crecimiento económico, así como en la inversión, el empleo y el consumo.

El modelo keynesiano favorece el manejo de políticas fiscales y monetarias expansivas para propiciar el crecimiento económico y el nivel de empleo. Sin embargo, en la medida en que se centra en atender los factores y variables macroeconómicos de corto plazo, no brinda suficiente atención a las estrategias contractivas de la política monetaria y fiscal en periodos de crecimiento y expansión del ciclo económico, en el mediano y largo plazo, en que las presiones inflacionarias suelen incrementarse, poniendo en riesgo la capacidad de la economía para crecer con constancia y estabilidad financiera.


Gráficamente, lo anterior se puede expresar de la siguiente manera: la curva de oferta en este modelo es horizontal (en virtud de que se considera que la demanda determina la oferta, y por ello, a un determinado nivel de precios, esta última se incrementará en la medida en la que demanda de bienes y servicios lo haga). En un determinado nivel de Demanda (DA1), se establece un punto de equilibrio en que la producción se ubica en Q1, con un nivel de precios P1. Todo incremento en el gasto público y, en general, una política fiscal y monetaria expansiva, tendrán como efecto el incremento de la demanda agregada (DA2), lo que propicia una elevación de la producción a Q2, sin que el nivel generalizado de precios se altere (es decir, sin que las variaciones en oferta y demanda modifiquen los precios de equilibrio) ni la mayor oferta monetaria y fiscal se traduzca en inflación.



Fuente: Vive la Economía 2 (Progreso Editorial).


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