Los secretos de la masonería





El origen de la masonería lo encontramos en la Edad Media. Los miembros de cada oficio, como artesanos o constructores, se constituían en gremios, que son organizaciones encargadas de proteger los intereses de sus miembros. Estos gremios estaban dirigidos por maestros que eran auxiliados por aprendices del oficio. No eran simples obreros, sino artistas con conocimientos muy avanzados en arquitectura e ingeniería, de ahí que no quisieran compartir su saber con cualquiera, y para identificarse entre sí utilizaban saludos y contraseñas que sólo los iniciados en el oficio podían comprender.


En el siglo XVII se empezaron a formar sociedades secretas que tomaron como modelo a los masones y les otorgaron nuevos simbolismos a sus elementos de trabajo y a su sistema de organización: se constituyeron en logias formadas por compañeros y aprendices, lideradas por un Gran Maestro; las herramientas adquirieron un nuevo significado, por ejemplo, el mazo, que sirve para pulir la piedra en bruto, simboliza que el aprendiz debe pulir su corazón y su conciencia de los vicios y frivolidades de la vida. A estos nuevos grupos se les llamó francmasones, y sobreviven hasta nuestros tiempos con sus ritos, sus saludos secretos, su búsqueda del conocimiento y sus labores de caridad. Ellos son “el Oficio”.

Los masones han sido castigados a lo largo de su historia debido a los conocimientos y ritos que mantienen en secreto. Subversivos, satánicos, herejes, inmorales y depravados son sólo algunos calificativos con que los han “adornado” sus detractores. Esto parece estar muy alejado de la verdad, es más, para entrar en un grupo masón son indispensables dos requisitos: no haber cometido ningún crimen importante y creer en la existencia de un dios o ser supremo.


Fuente: Por Abdul Al – Razhed en Revista Algarabía Extra “Lo insólito y lo sobrenatural” Año 2 #3, p.44.

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