Vida en el desierto. Plantas





El desierto se caracteriza por un clima seco y extremoso. En las zonas áridas de nuestro país la temperatura puede variar decenas de grados durante el mismo día. La escasez de lluvias, sin embargo, no impide la presencia de numerosas y exóticas formas de vida vegetal y animal. México es, junto con África, el lugar donde existe mayor diversidad de especies desérticas adaptadas a la sequía, el frío y el calor. El matorral xerófilo, o flora del desierto, por lo general es bajo y pocas especies superan el metro de altura. Las plantas tienen que vivir separadas entre sí para poder aprovechar la escasa agua. En algunos casos, las hojas dan lugar a las espinas para evitar la evaporación; en otros casos, las plantas desarrollan tallos carnosos en los que almacenan agua durante las temporadas más secas. La flora del desierto se caracteriza también por lo llamativo de sus flores de variados tamaños y colores, lo que atrae a numerosos animales como colibríes, murciélagos, abejas y otros insectos que polinizan las plantas. Los frutos son dulces y jugosos, y los animales que los comen dispersan las semillas favoreciendo de esta manera la difusión de cada especie en vastos territorios. La flora del desierto no provee no sólo de alimentos como la pitahaya o la biznaga, sino de numerosas sustancias medicinales, así como de maderas y fibras que se emplean en la elaboración de variadas artesanías. Conservar el desierto nos asegurará de que estos beneficios no se pierdan.


Cirio.
Esta planta es una de las más raras de nuestro mundo. Sólo existe en el centro de la península de Baja California y en una pequeña área de Sonora. Consta de un tronco duro de varios metros de altura, que resiste los fuertes vientos del desierto y almacena agua en su interior. Su superficie está cubierta por una capa cerosa que impide la evaporación del agua; de ésta surgen numerosas ramas muy pequeñas, con unas cuantas hojas apenas. Con el tiempo, el tronco se curva en formas caprichosas. El cirio no forma grupos compactos, y comparte su hábitat con otras especies como el cardón y el torote. Su tronco es utilizado por lechuzas y pájaros carpinteros para construir sus nidos.

Biznaga.
Se trata de varias especies de cactos de forma globosa o cilíndrica, que pueden llegar a alcanzar grandes dimensiones. Su cuerpo está surcado por varias crestas dispuestas en forma radial; de cada una surgen espinas que defienden a la planta de posibles depredadores. Tiene flores de diversos colores, pero predominan el rojo y el púrpura. Los frutos de algunas especies se utilizan para elaborar dulces y postres tradicionales, llamados biznagas o acitrones, que se venden en muchos mercados del país. Se les utiliza como forraje o plantas de ornato, lo que las ha puesto en peligro de extinción.

Pitahaya.
Es una cactácea compuesta por varios tallos que se dividen al salir de la tierra, rasgo que la distingue de plantas como el saguaro y el cardón, que tienen un tronco principal y varias ramas. Sus tallos carnosos le permiten almacenar agua. Es una de las plantas más comunes en los desiertos del noroeste del país, desde Nayarit hasta Baja California y Sonora. Esta planta es conocida por sus frutos jugosos de color rojo intenso, que fueron uno de los alimentos más apreciados por los indígenas que habitaban el noroeste. Para ellos, el tiempo en que recolectaban las pitahayas era la época del año de mayor abundancia de alimentos, lo que celebran con constantes fiestas.

Ocotillo.
Es un arbusto formado por varias ramas delgadas que pueden alcanzar los 6 m de altura. Se le encuentra en las laderas desérticas, en suelos rocosos o arenosos, donde forma grupos extensos. Las ramas están cubiertas de espinas, aunque después de las lluvias crecen pequeñas hojas de color verde olivo. Florece de Noviembre de Mayo; sus flores de color rojo brillante se agrupan en el extremo superior de las ramas. Se distribuye desde Sonora y Baja California hasta las zonas más áridas de Querétaro. Tiene usos medicinales y se utiliza como forraje en tiempos de sequía. En algunos lugares se usa en la construcción de cercas y corrales.

Saguaro.
Es una cactácea gigantesca que alcanza más de 15 m de altura. Está formada por un gran tallo con dos o tres ramificaciones. El tallo almacena grandes cantidades de agua, con lo que evita secarse a lo largo del año. Sus flores, de color blanco, y de 10 a 12 cm de longitud, aparecen en el mes de Julio. Los frutos son carnosos y comestibles, y muchos animales los aprovechan. Se semilla está cubierta por una capa cerosa que impide su digestión, pero una vez molida se puede consumir como harina. Con esta planta se hacen corrales y chozas, y en algunas zonas se emplea como combustible. Su uso como planta de ornato lo amenaza, ya que tarda muchos años en crecer.

Yuca.
Es una planta o arbusto que puede alcanzar hasta 6 m de altura. También conocida como izote, se caracteriza por sus ramas que terminan en una corona de hojas angostas, puntiagudas y rígidas, así como por los racimos de flores que crecen en su parte superior. Estos pueden tener casi 1 m de alto, y miles de flores blancas, amarillas o violetas. Los botones de estas flores, llamados carbuches, se comen. De las hojas se obtiene el ixtle, una fibra dura que se emplea para elaborar cuerdas, costales, bolsas y cordones. Esta planta es muy abundante en las zonas áridas del noreste del país, donde llego a formar verdaderos bosques, conocidos como izotales.

Torote.
Es un árbol corpulento de corteza blanquecina que alcanza los 10 m de altura. Su corteza se desprende fácilmente y su savia es lechosa. Se le llama también “árbol elefante”, por lo grueso de su tronco que desprende un fuerte olor. Habita exclusivamente en las zonas más áridas de Baja California, en terrenos rocosos donde no parece haber nada de agua. Para resistir la sequía, puede vivir sin hojas durante años, y reverdecer después de una breve lluvia. Si las condiciones son favorables, florece de Abril a Septiembre. Las semillas pueden tardar muchos años en convertirse en árboles. Su resina se usa como pegamento y en la medicina tradicional.  


Fuente: Bancomer – Álbum de la Naturaleza de México, p. 16 – 17.

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